Procesión de Viernes Santo
Nunca la participación de un pueblo fue tan unánime. Nadie ese día falta a la procesión. Era y sigue siendo una manifestación religiosa en la que todos participan. Es una buena excusa para que los hijos del pueblo, que viven alejados de él, regresen ese día para revivir unas sensaciones dfíciles de expresar y más aún de olvidar.
Nines

Desde el Cristo con la cruz a cuestas, hasta las "magdalenas" plañideras, pasando por los portadores de faroles, hay un sin fin de funciones y personajes que uno a uno se van atribuyendo. Algunas eran representadas cada año por la misma persona siguiendo una rigurosa tradición que nadie cuestionaba. El Nazareno fue encarnado durante muchos años por el Sr. Honorio. La figura del "cireneo" fue acaparada por el Sr. Longinos...

Los portadores de pasos siguen una jerarquía de edades. Así, los más jóvenes llevan el paso que representa "los azotes" y los más aguerridos y paso de "la Oración del Huerto".

Los faroles también tienen una categoría. Los más sencillos son llevados por chavales de corta edad, pero los llamados de "las Siete Palabras", más grandes y pesados requerían cierta fortaleza para llevarlos con dignidad. La figura del "cruzado" con la lanza, custodia a La Piedad.

La personalidad de la "verónica" y las "magdalenas" pasaba inadvertida al cubrir sus rostros con negros velos, y era obsesión de los más pequeños el descubrir su identidad.

Tres niñas vestidas de comunión llevan las bandejas de los dolores: los clavos, la corona de espinas y la escalera con la maza de hiel.

El paso del sepulcro es el más llamativo pues va portado por cuatro nazarenos encapuchados.

Dos caballos y sus jinetes ataviados de romano sobre ellos, daban una nota de color y realismo. Uno de ellos, portador de corneta, marcaba con sus toques el alto en cada estación del viacrucis. Los romanos lucen un traje completo, desde el casco a las sandalias. Y era anecdótico el ver a imponentes soldados romanos con gruesos calcetines dentro de sus sandalias, pero es que en Burgos, ya se sabe, hace mucho frío.

Los redobles monótonos y tristes del tambor hacían marcar el paso lento de la procesión y el ritmo en los movimientos de sus figurantes. Cerrando la comitiva, el coro formado en su mayoría por mujeres, entonaban los tristes cantos propios de la pasión. "Perdona a tu pueblo, Señor, perdona a tu pueblo, perdónale Señor..."

No se me ha de olvidar el gran acontecimiento que supuso el que nuestra procesión se viera a través de la televisión. Fue en los años 60 y fue para todos el disfrute de unos minutos de gloria y reconocimiento

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