Tradiciones
Un sinfin de recuerdos se acumulan en mi mente al rememorar aquellos años, de finales de los 50 y comienzos de los 60. Expongo aquí mis vivencias que posiblemente no sean las mismas que otros recuerdan, pero de las que quiero dejar constancia.
RECUERDO INFANTIL
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
"mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón".
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales. (A. Machado)

  • Los aguinaldos . En los días de Navidad eran una tradición arraigada entre los pequeños. Dispuestos con cestos y "coloños", y abrigados hasta las cejas, grupos de chavales iban cantando de casa en casa. Tras el villancico, eran premiados con rosquillos, nueces o aquello que en casa hubiera. El reparto casi siempre solía ser en proporción directa a la edad.
  • Las matracas: Cuántas veces hemos utilizado el dicho de "no me des la matraca". Este instrumento de madera estaba hecho por uno o varios martillos de madera que girando sobre un eje golpeaban la tabla a la que estaban sujetos. El ruido seco y ensordecedor que producían sólo era aguantable por el dueño de la matraca. Si a eso unimos el que eran usados dentro de la iglesia, podéis imaginar el estruendo. Era el viernes santo, el Señor había muerto y se representaba el tronar de los cielos.
  • El 2 de Mayo: Nunca sabré por qué una guerra tan lejana nos levantaba pasiones, pero ese día los chicos recorríamos el pueblo cantando una canción cuya letra decía así:

"Dos de mayo, dos de mayo
y también la primavera
cuando los quintos soldados
se marchan para la guerra
unos lloran otros ríen
y otros se mueren de pena.
Ese que ve en el medio
Es el que más pena lleva
Es por una muchachita
Que se ha quedado soltera.....

  • Toques a quema: En varias ocasiones se vivió la angustia del fuego en el pueblo. El toque alocado de las campanas ponían en movimiento a las gentes. Dejando lo que estuvieran haciendo en ese momento, se dirigían hacia el humo provistos de calderos con agua. Era la solidaridad ante la desgracia pues toda la cosecha del año podía perderse entre las llamas.
  • La Hoguera de San Isidro: La cultura mediterránea centra las hogueras en la noche de San Juan. Pero Villahizán es tierra de campesinos y su patrón es San Isidro. Los rituales mágicos ancestrales pidiendo buenas cosechas, se plasmaban la noche del 15 de mayo haciendo una gran hoguera. Es notorio señalar que se hacía junto al silo del Sindicato Nacional del Trigo.
  • La procesión de Viernes Santo: -
  • Los primeros televisores: Hablar a un niño del siglo XXI de que cuando tú lo eras, no había televisión, le hace pensar en la prehistoria, pero así era. Los primeros televisores que se compraron eran símbolo del progreso y del bienestar que tanto estaba tardando en llegar.
    El primer televisor que se vio por la comarca, fue el del "teleclub" de Villanueva de Odra. Yo tenía 5 o 6 años y mi tío Pablo Gómez Hornillos me llevó caminando hasta allí para ver la maravilla. Estaban retransmitiendo una corrida de toros. Vecinos del pueblo y llegados de otros, llenaban el local.
    Yo vi las primeras imágenes de la "caja tonta" a muy larga distancia y subido a hombros del buen Pablo. Fue una gran experiencia que no ha marcado mi vida, pero sí dejó huella en el recuerdo.
  • Día de la merendilla:: Las fiestas paganas fueron desde el primer momento de la cristiandad anuladas o encubiertas por las fiestas religiosas. Además, estábamos en pleno apogeo del franquismo y las fiestas paganas eran en el mejor de los casos, mal vistas y en la mayoría totalmente prohibidas.
    Es el caso de la tradición de "la merendilla", que substituía de una manera encubierta al entierro de la sardina, con todo el significado que ello tenía. Era por tanto una celebración "permitida" exclusivamente para los niños. Era el pretexto para que nuestras madres nos hicieran unos huevos fritos con chorizo y nos juntáramos en una casa para compartirlo.

 

  • Las esperas al autobús de línea: : Cuando vuelvo la mirada hacia mi niñez y recuerdo ciertos momento, más que añoranza me produce inquietud. Aquella obsesión por esperar un autobús que nunca íbamos a coger y del que nunca sabíamos quien iba a bajar. Parece que presentíamos que algo había de llegar, y esperábamos al único nexo que nos unía a la "capital", el autobús de línea. Aquellos destartalados autobuses de Simón que hacían el recorrido Burgos-Herrera y Burgos-Grijalba, con la baca repleta de maletas y paquetes.
  • Buscar nidos : Aún no conocíamos a Rodríguez de la Fuente, el que nos enseñó a respetar a los animales, así que poco respeto les teníamos. Esta práctica era común entre los chicos del pueblo. Picazas, pincorrelinches y azores eran los más buscados, y la principal razón era, que por parte del ayuntamiento, se daba una recompensa económica por cada pieza cobrada. Los mercenarios cazadores, presentaban al alcalde los indefensos animales y éste anotaba en un cuaderno el número de piezas cobradas. El día de año nuevo, en sesión plena del ayuntamiento, se iban nombrando uno a uno a los muchachos que recibían la vergonzosa paga.

 

  • El canto de "El cara al sol" : Don Desi, el maestro, siguiendo un cuidado ritual falangista y en perfecta alineación, nos hacía cantar "el cara al sol" delante de la lápida a los caídos todos los días antes de empezar las clases.
  • La leche en polvo de los americanos, que cada día tomábamos en el recreo y que por turno preparaban en grandes perolas cada una de nuestras madres. Aquel queso amarillo para dar proteínas a los niños de una posguerra interminable. Artículo de SERRABLO
  • Los empedradores, los trilleros, que una vez a año reponían las piedras de los trillos que se habían desgastado o perdido. Eran piedras de sílex, muy cortantes que incrustadas en la base de los trillos servirían para que las mieses quedaran bien trilladas y dispuestas para la vielda.
  • Los componedores, oficio aniquilado por el plástico, que se encargaban de reparar los calderos y cacerolas agujereadas.
  • Los húngaros, aquellos artistas ambulantes que con sus vestidos y carromatos traían una nota exótica a unas tierras olvidadas. Su circo y su rudimentario zoo nos acercaba a un mundo desconocido.
  • El coplero de la fiesta del Pilar en Villadiego que con sus papelitos multicolores, ofrecía las letras de las canciones más populares del momento. El fue quien por unos céntimos (de peseta) nos daba traducidos los mensajes de los Beatles, las reflexiones de Emilio el Moro.
  • "La Maña": Los vendedores y charlatanes de feria eran muy comunes, pero nadie como esta mujer para vender todo un lote de objetos por el módico precio de un duro.
  • Procesión y altares del Corpus: "Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol...". Uno de estos jueves era el Corpus Cristi. Villahizán de impregnaba de olor a rosas. Las niñas y mujeres eran las encargadas de recoger flores y confeccionar varios altares que se situaban en determinados lugares del pueblo. Blancas sábanas, flores y mucha imaginación era lo utilizado para conseguir el altar más llamativo. .
  • Procesión del encuentro del Domingo de Resurrección: "Que le quiten el manto negro a la Virgen y la vistan de alegría...". Los protagonistas de esta procesión eran por una parte las imágenes de la Virgen Dolorosa y la del Cristo resucitado y por otra, los dos pendones portados por dos jóvenes del pueblo. En las eras de San Roque, y representando un encuentro, el pueblo se dividía en dos. Los hombres acompañaban al Cristo y las mujeres a la Virgen. Encabezados por sendos pendones se iniciaba una ceremonia de acercamiento en la que los portadores de las banderas hacían gala de su destreza en el ondear de las telas. Las mejores voces, que eran todas, entonaban el "que le quiten el manto a la Virgen".
  • El alguacil y pregonero "De parte del Sr. Alcalde, se hace saber que el jueves se convoca a todos los vecinos a la puerta del ayuntamiento para arreglar los caminos. Lo que se hace saber para general conocimiento". Era el pregonero que recorría las calles dando el "bando". A diferencia de otros pueblos en que llamaba a toque de corneta, en Villahizán se hacía con artístico redoble de tambor.
  • Propaganda cantada: "Se venden, tomates, pepinos, alubias.... en casa del Sr. Asterio o del Sr. Basilio". Eran los dos establecimientos de ultramarinos que había en el pueblo y rivalizaban en ofrecer a su clientela los mejores productos. Estos eran pregonados por "chiguitos" con buena voz que con más o menos arte entonaban la cantinela.
    Era un "oficio" bien preciado, pues tenía establecida una paga, en la que también rivalizaban los dos comerciantes, siempre a la alza, claro está, ya que en ello les iba el volumen al que fuera pregonado. Muchos días, la lista era interminable y el pobre pregonero ganaba con creces su paga.
  • El sorteo dominical del un cordero por parte del Sr. Angel Castro. Una vez al mes, era rifado un cordero entre todos aquellos que desearan comprar una "papeleta". Era el Sr. Angel el artífice del sorteo y era muy digno de verle cargar con el animal vivo en su cuello mientras vendía las participaciones. Al caer el sol, alguien se llevaba el cordero a casa, siendo la envidia sana del resto de participantes.
  • Día de mascaritos: Era el día de carnaval, pero hasta el nombre estaba camuflado. Eran manifestaciones prohibidas. Sólo a los niños se permitía emular los carnavales con aquellos difraces con pocas pretensiones y que a menudo también eran reprimidos por el "juez de paz" (Sr. Eutiquiano), con la excusa de que asustábamos a sus nietas.


  • Los maestros del pueblos: Don Desi fue el maestro de todos. "Buenas tardes tenga usted". Hasta 60 niños y otras tantas niñas llenaron las escuelas de Villahizán. Muchos niños y muchos palos (ya olvidados). Doña Cristi se encargaba de las niñas hasta su marcha a tierras catalanas.

    Un desfile interminable de maestros pasaron por el pueblo tras la marcha de D. Desiderio. Maximiliano, un finolis que no aguantó más que 15 días en un pueblo de "bárbaros" como él nos calificaba.


    Un entrañable maestro gallego, pero lleno de morriña (Rey Ville, eran sus apellidos, alguien me recordará su nombre). Nos enseñó a cazar grillos y amar a los animales. Tenía sobre su mesa una jaula de cristal con los grillos que todos aportábamos y atado a la pata de la mesa su perrito. Podéis imaginar que aquellas tardes de primavera no se parecían en nada a las descritas por Machado "...monotonía de lluvia tras los cristales".


    D. José, un maestro leonés que ¡¡ sabía jugar al futbol !!. . Él nos enseñó a chutar con efecto y a competir con deportividad.

    Y otros muchos se sucedieron en pocos años. Toda nuestra ilusión era descubrir quién era el nuevo maestro que nos llegaba cada año.
  • Las filminas en casa del cura D. Ramiro. La vida de San José de Calasanz era rememorada cada domino invernal en casa del cura. Era nuestra primera experiencia "audiovisual" antes de la llegada de la televisión.
    Muy pronto cambiamos nuestros hábitos visuales por la televisión. Sólo había dos en el pueblo, y los chavales nos las arreglábamos para que el Sr. Pepón nos aguantara las tardes del domingo hasta la llegada del telediario.
  • Las cruces del campo.- En algunos lugares, las cruces son signo del ritual de separación a través de los límites simbólicos. En el pueblo burgalés de Villahizán de Treviño, se reúne el vecindario del pueblo un viernes de mayo antes de amanecer para oír misa; concluida ésta, el sacerdote bendice un buen montón de cruces; alcalde, sacerdote y dos concejales salen a caballo para plantar las cruces en montículos y colinas que señalan los límites del pueblo. El sacristán, mientras tanto, vigila la operación desde lo alto del campanario (desde donde se domina el área municipal), y cada vez que plantan una cruz, toca las campanas. La colocación de las cruces por las autoridades (civiles y religiosas) renueva, ratifica, pública y solemnemente, año tras año, los límites del pueblo; igualmente se realiza en los pueblos vecinos; cf. Luis MALDONADO, Para comprender el catolicismo popular, Verbo Divino, Estella 1990, 55.
  • El cine en el salón del Sr. Asterio: Aquel salón en el que vivimos la llegada de las nuevas tecnologías. La orquesta Angelillo el día de San Martín, las "comedias" en la que sus actores eran los "mozos" del pueblo y con cuyos beneficios se les llevó al Valle de los Caídos. Y cómo no, el cine llevado por la Caja de Ahorros del Círculo Católico de Obreros de Burgos. Recuerdo la película como si fuera hoy. Un gorila que llenaba la gran pantalla, (entonces me parecía enorme), fue mi primera película.

Los libros de la Escuela Antigua

Juegos tradicionales

Artículo de Darío Pérez

Recuerdos de Cristino
Recopilación de temas rurales del pueblo de Alcozar (Soria)

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